Oración de SS Juan Pablo II a la Virgen de la Caridad.
¡Virgen de la Caridad del Cobre, ¡Bendita tú entre las mujeres
Patrona de Cuba!
¡Dios te salve, María, llena de gracia!
Tú eres la Hija amada del Padre,
la Madre de Cristo, nuestro Dios,
el Templo vivo del Espíritu Santo.
Llevas en tu nombre, Virgen de la Caridad,
la memoria del Dios que es Amor,
el recuerdo del mandamiento nuevo de Jesús,
la evocación del Espíritu Santo:
amor derramado en nuestros corazones,
fuego de caridad enviado en Pentecostés sobre la iglesia,
don de la plena libertad de los hijos de Dios.
y bendito el fruto de tu vientre, Jesús!
Has venido a visitar nuestro pueblo
y has querido quedarte con nosotros
como Madre y Señora de Cuba,
a lo largo de su peregrinar
por los caminos de la historia.
Tu nombre y tu imagen están esculpidos
en la mente y en el corazón de todos los cubanos,
dentro y fuera de la Patria,
como signo de esperanza y centro de comunión fraterna.
¡Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra!
Ruega por nosotros ante tu Hijo Jesucristo,
intercede por nosotros con tu corazón maternal,
inundado de la caridad del Espíritu.
Acrecienta nuestra fe, aviva la esperanza,
aumenta y fortalece en nosotros el amor,
ampara nuestras familias,
protege a los jóvenes y a los niños,
consuela a los que sufren.
Sé Madre de los fieles y de los pastores de la Iglesia,
modelo y estrella de la nueva Evangelización.
¡Madre de la reconciliación!
Reúne a tu pueblo disperso por el mundo.
Haz de la nación cubana un hogar de hermanos y hermanas,
para que este pueblo abra de par en par
su mente, su corazón y su vida a Cristo,
único Salvador y Redentor,
Que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo,
Por los siglos de los siglos.
Amén
El Canto de María
Sublime himno de adoración, agradecimiento y alabanza. Se conoce como ‘Magníficat’, palabra que inicia el himno en la lengua latina usada durante siglos por la Iglesia.
El Evangelio de Lucas (1:47-55) pone ese himno en labios de María de Nazareth, la joven Virgen-Madre del Jesús que ya late en su seno, nuestro Dios-Salvador.
y mi espíritu se alegra
en Dios mi Salvador,
porque ha mirado
la humildad de su sierva.
Desde ahora
me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque el Poderoso
ha hecho en mí grandes cosas.
Su nombre es Santo,
y su misericordia es eterna
con aquellos que le honran.
Actuó con la fuerza de su brazo
y dispersó a los de corazón soberbio.
derribó de sus tronos a los poderosos
y engrandeció a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y a los ricos los despidió sin nada.
Agarró de la mano a Israel su siervo,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido
a nuestros antepasados,
a favor de Abraham
y sus descendientes para siempre.
¡Alégrate, María! Dios te salve, María,
Es la oración preferente, la más sencilla, popular y más rezada a la Virgen María. Es oración breve y concisa: en ella se contiene todo el Misterio de la Madre de Dios.
Se inicia saludando a María con el saludo del ángel, tal como está en el Evangelio de Lucas, 1: 28b. Brevísimo fragmento donde hay mucho más de escondido que de expresado con palabras.
‘Alegría’, porque ha llegado el momento prometido y largamente esperado. Todo está a punto y sólo falta que María esté de acuerdo en aceptar el Programa de Dios.
‘Llena de gracia’ es lo mismo que decir a María: TÚ ERES COMPLETAMENTE SANTA. O como la han llamado desde los primeros siglos en los escritos y liturgia de las Iglesias Orientales: ¡eres LA TODA SANTA!
‘Bendita tú eres’: No hubo ni habrá otra mujer como tú. Porque has creído lo que te fue anunciado de parte de Dios. Porque en ti se está formando, de tu carne y tu sangre, el cuerpo verdaderamente humano de Jesús.
‘Madre de Dios’, del hijo total que has concebido y darás a luz: Dios verdadero y Hombre verdadero. ‘Perfecto en lo suyo’ [naturaleza divina], ‘Perfecto en lo nuestro’ [naturaleza humana].
‘Ruega por nosotros’, porque te necesitamos. Y esa necesidad de ti no compite con la necesidad que tenemos del Único Mediador, tu hijo Jesucristo. Porque la iniciativa de tenerte como Madre no fue nuestra, fue de Jesús que quiso compartirte.
Hoy, día especialmente tuyo, dondequiera que estén, cubanas y cubanos, repitan esta entrañable oración.
llena de gracia,
el Señor es contigo.
¡Bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora
y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
Bajo Tu Amparo
La oración “Bajo tu amparo” es la más antigua plegaria mariana conocida, donde se invoca a María como Madre de Dios.
Hay que situar la plegaria en el transcurso de los años 300, siglo IV de nuestra era. Encontrada en un monasterio próximo a El Cairo, parece probable que ‘Bajo tu amparo’ fue plegaria compuesta en el territorio de la Sede Patriarcal de Alejandría (Egipto), y quizás en alguno de sus múltiples monasterios.
Durante los años 312-328 ocupó la sede Patriarcal de Alejandría el obispo Alejandro. Entre sus escritos conservados, hay una Carta dirigida al obispo de Tesalónica. Dice en ella el Patriarca: “Nuestro Señor Jesucristo, que tuvo carne verdadera, no aparente, habiéndola recibido de María, LA MADRE DE DIOS”.
¿Por qué importa esa Carta? Por tres razones. 1) Es el primer documento conocido donde un Padre de la Iglesia afirma con rotundidad que María es ‘Madre de Dios’. 2) Indica que esa verdad ya era profesada en el Patriarcado de Alejandría en los primeros años del siglo IV. 3) Es recogida en la oración mariana que estamos comentando.
nos acogemos
Santa Madre de Dios.
Atiende las oraciones
que te dirigimos en nuestras necesidades,
y líbranos de todo peligro,
Virgen gloriosa y bendita.





