Virgen de la Caridad del Cobre

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Arte Mariano

“…Y si vas al Cobre, quiero que me traigas una Virgencita de la Caridad…”

 ¿Qué cubano no ha escuchado o entonado alguna vez en su vida este contagioso estribillo de uno de los sones más populares que inmortalizara el legendario Trío Matamoros, en la primera mitad del siglo XX?

No pocos de nuestros mejores trovadores han legado a nuestro acervo musical popular bellas páginas expresivas de su sentida devoción a nuestra Madre y Patrona, a Cachita. También lo han hecho en sus pentagramas, con otro vuelo, otros grandes compositores cubanos del siglo pasado.

Con creyones, pinceles, colores, delineando o modelando formas, la trascendente belleza de la Virgen Morena, plasmada en lienzo, cuero, barro, la madera o el mármol, nos ha llegado a través de las prodigiosas manos de artesanos, grabadores, pintores o escultores.

Los artífices de la palabra, en especial nuestros bardos, le han rendido homenaje cantando alabanzas a la Caridad del Cobre. En versos o en prosa, han ido revelando su presencia amorosa, entretejida con nuestras penas y alegrías, en salud o enfermedad, en tiempos tormentosos o en bonanzas, reflejando el Amor desbordante que el Niño Dios que carga en un brazo derramó desde la Cruz que porta en el otro.

No han faltado creadores del séptimo arte, aun desde su etapa silente. Varios cineastas han ido descubriendo la impronta espiritualmente benéfica de nuestra Madre de la Caridad en el acontecer personal, familiar y patrio, en nuestros afanes, esfuerzos y frustraciones, portadora siempre de las mejores esperanzas que nos han permitido vislumbrar la Luz esencial en diferentes momentos de nuestra historia.

Desde los albores del arte cristiano, la Virgen María ha sido plasmada por innumerables artistas, bajo diversas representaciones y advocaciones, en todos los lugares donde se ha ido abriendo paso la Buena Noticia de su Hijo Jesús, aquella mujer que el gran Dante contempló en el fulgor del Paraíso como “belleza que alegraba el corazón de los santos” (1). En nuestra Isla, bella y dulce,… clarísima,… muy cordial  y muy gentil,… esbelta y juncal…Isla fragante, flor de islas (2), ella ha querido aparecer y permanecer desde hace casi cuatro siglos con el nombre más hermoso, pues es el mismo de Dios AMOR,  y de tal forma lo ha realizado que podemos identificarla, certeramente, como símbolo de cubanía.

A acercarnos más detenida y profundamente a la Virgen de la Caridad del Cobre, tal como se la han apropiado nuestros creadores del arte y la palabra, quiere servir esta sección de nuestra página web.

(1) Juan Pablo II, Carta a los artistas, No.16
(2) Dulce María Loynaz. Poemas sin nombre, CXXIV


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