Con María en el corazón

“No importa, mi’jo, es un ratico más junto a la Virgencita”

Texto: Rolando Sabin
Fotos: Rosa María Payá y Rolando Sabin

El Cerro, Arquidiócesis de La Habana, 15 de noviembre de 2011 / En el templo claretiano del Corazón de María había una actividad febril desde bien temprano en la mañana del 15 de noviembre. Se daban los últimos toques a una labor que comenzó desde mucho antes, para preparar la visita de la imagen de la Patrona de Cuba. La calle frente a la puerta principal también estaba llena de personas esperando.

Hacia las nueve de la mañana, bajo un sol esplendoroso, llegó la bendita imagen, acompañada por monseñor Juan de Dios Hernández, obispo auxiliar de La Habana, el padre José Alfonso Álvarez, párroco de El Salvador del Mundo y superior de los Padres Claretianos en la capital y los padres Juan Andrés y Ramón Rivas. La escoltaba también un numeroso grupo de personas desde el templo parroquial.

A las puertas del Santuario, el padre Pablo Szulc cmf, aguardaba junto a la comunidad y gran cantidad de personas. La imagen fue recibida con aplausos y vivas, mientras la colocaban en una mesa en el portal del templo.

La banda de música de la escuela Paulita Concepción entonó las notas del Himno Nacional, que fue cantado por todos los presentes, y de inmediato se llevó la imagen al interior del Santuario, pues la multitud impedía el tráfico en la calzada.

El templo estaba bellamente engalanado para la ocasión. Una gran bandera cubana cubría el altar mayor, y delante de ella una enorme cruz.

El padre Pablo es un sacerdote polaco de nacimiento, pero ya es cubano porque la generosidad de su entrega durante tanto tiempo en estos lares le ha ganado el cariño de todos. Abundó sobre la visita de María, y guió al pueblo congregado en la oración. Muchos traían flores y velas que querían ofrecer a la Madre de Dios, y no importó el tiempo a esperar, todos aguardaban con paciencia. Me dijo una anciana en cuyo rostro noté la fatiga: “No importa, mi’jo, es un ratico más junto a la Virgencita”.

Se había reservado una hora para que los niños de escuelas cercanas pudieran acercarse a María y encontrarse con ella, pero no se les permitió venir. De manera que los globos que iban a presentar los llevaron los catequistas, que les tuvieron presentes con su oración.

Otro momento de singular belleza fue la presentación de tres familias jóvenes quienes vinieron con sus niños pequeños recién nacidos. Se les llevó junto a la Madre de todos, y allí se rezó por ellas y por todas las familias del barrio.

Mientras, en el lateral derecho que conducía a la salida, monseñor Juan de Dios y varios sacerdotes oraban y bendecían a quienes ya iban saliendo.

Hacia les tres de la tarde, llegó el momento de la despedida. Donde quiera que llega la Virgen, nadie quiere que se marche. Pero el amor que nos comunica viene de Dios mismo, es siempre solidario: otros hermanos aguardan por ella y hay que dejarla partir. Todos se van contentos, ha sido un encuentro que marca la existencia. Eso esperamos. De algo sí estoy seguro: nos fuimos del Corazón de María con María en el corazón.