Así quienes nos han visto han podido darse cuenta de que en nuestro país, y en Matanzas, también hay muchas personas, hay cientos de personas que viven la fe.
Texto: Sergio Jesús Martínez y Marvelis Díaz
Foto: Juan Fredys Caballero
Matanzas, 30 de agosto de 2011/ “¡Cómo no va a llegar a la casa de sus siervas! para nosotros ha sido de gran gozo y satisfacción verla aquí, aunque ella siempre está con nosotras” conmovida expresó la Madre María Rosa de las Siervas de María al recibir a la imagen de la Virgen de la Caridad este 30 de agosto, a su paso por nuestra ciudad.
Especialmente emotivo ha resultado el recorrido de la imagen por los hospitales (provincial, materno, etc), el Hogar de ancianos, hogar de impedidos físicos. La expresión del pueblo matancero se une en una misma plegaria; la de los que más sufren, los enfermos y desvalidos, los más necesitados; así como la plegaria de quienes los acompañan y comparten su pena.
Durante la celebración Eucarística que tuvo lugar en la calle, frente a la residencia de las Siervas, monseñor Manuel Hilario de Céspedes, manifestó la dicha del pueblo matancero por tener la posibilidad de celebrar nuestra fe en muchos lugares públicos.
Así quienes nos han visto han podido darse cuenta de que en nuestro país, y en Matanzas, también hay muchas personas, hay cientos de personas que viven la fe.
El Obispo también reflexionó que al compartir esta fe en nuestras casas, centro de trabajo y estudio, “tenemos los pies bien puestos en Cuba, pero con la mirada siempre hacia el cielo”
A la tarde de este día, al visitar el Hogar de ancianos de Matanzas, muchos abuelos se sorprendieron, otros esperaban la llegada de la Madre desde hacía mucho. Entre cantos y versos la comunidad de ancianos experimentó una fe viva y renovada. La Virgen de la Caridad recoge en su manto estas expresiones de amor y júbilo, humedecidas también con lágrimas de venerable emoción.
Ante la presencia mariana, muchos enfermos han salido al encuentro, desde los patios, detrás de una ventana o simplemente han escuchado la alabanza y oraciones desde sus camas. Justamente, en ellos y en todos se ha reconocido la unidad en un mismo corazón que ha irradiado la Madre de todos los cubanos, madre de Dios. En la ciudad yumurina este acontecimiento (en lo tocante al mundo del dolor) hay que decir que fue un palpitar saludable en los corazones que sufren enfermedades y de quienes cuidan por la salud de nuestros enfermos.
Durante esta visita de la imagen, en especial estos días, la Virgen entró en los centros asistenciales de Matanzas para escuchar las súplicas de quienes esperan salud de cuerpo y alma. Fue uno de los encuentros más conmovedores.
Unidos al rezo de los que sufren, se deja oír la voz de nuestras siervas de María, ellas como buenas samaritanas le abren los brazos al enfermo, a su familia y al pie de la Cruz con la Madre, elevan a María la voz de los médicos, enfermeras y asistentes de salud, también para pedir sabiduría ciencia y amor, permanentes en el servicio.
En su caminar por calles y barrios de la ciudad, una multitud siempre te acompaña, cantos, flores, oraciones, todo tipo de demostraciones de fe y esperanza de un pueblo que espera. La Imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, la misma que acompañó con nuestros patriotas, ella la mambisa y morena, no valdría de nada sin la imagen de su pueblo. Un pueblo que le sigue unido en la Caridad. Ella pone su mirada en cada corazón para llevarnos a Jesús, al amor pleno, a la gracia plena. De todas partes se unen al camino pasos renovados y pasos nuevos. Desde el pasaje evangélico de su visita a su pariente Isabel, María nos convoca presurosa al servicio, a consagrar nuestra vida a los demás, a los más pequeños, como hizo su hijo.