En cada ocasión, y con la serenidad que merece el kerigma, los animadores y el P. Bendito ofrecían un mensaje de amor y de esperanza...
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La parroquia de Paula, llena por completo celebraba su última Eucaristía con la presencia de la imagen de la Virgencita, oficiada por el P. Antonio Bendito Hernández. Según el programa, la jornada parecía holgada en el tiempo, y todo apuntaba a que fuera un itinerario tranquilo.
Al finalizar la misa con las bendiciones de las embarazadas, familiares de los presos, los ancianos y las niñas y niños en San Francisco de Paula, los participantes quisieron darle un último adiós acompañándola hasta el auto. Ya era el mediodía, y emprendimos la partida comenzando el peregrinar por las comunidades del contingente Armando Mestre y la Pedrera que están situadas aproximadamente a veinticuatro kilómetros de Trinidad. Las seis comunidades que esperaban hoy la visita de Cachita han sido atendidas por los padres dominicos, las hermanas religiosas de Marías Inmaculada, y sacerdotes diocesanos misioneros.
Después de un sabroso almuerzo preparado por la propia comunidad de La Pedrera reiniciamos la marcha, nos proponíamos estar en la comunidad de Los Molinos a las cuatro de la tarde, pero algo providencial ocurriría. El Sr. Obispo que se traslada en el auto de la Imagen desde el inicio de la peregrinación por nuestra diócesis, ha tenido la feliz idea de detenerse ante cuantas conglomeraciones de personas saluden a la Virgen, pero a diferencia de otras zonas, esta vía que transitamos pertenece al circuito sur del país, y por ende es muy confluida al comunicar nuestras provincias, más todos los poblados periféricos.
Muchos pobladores que nos vieron pasar estuvieron atentos al regreso, para esperar y ver a la Virgencita, algunos se fueron agrupando a la orilla de la carretera, y así Armando (el chofer de la virgen) iba calculando a ojo de buen cubero, entre uno y otro, para quedarse en un punto intermedio, pero cuando las personas oían la ambientación del auto parlante, y las sirenas de los patrulleros, salían de sus casas disparadas corriendo y como estuvieran vestidas en ese momento para llegarse en el menor tiempo posible al lugar, y créanme que no exagero porque pude captar con mi lente (bajo el consentimiento de su mamá) a una niña que llegó envuelta en su toalla de baño. Otros bajaron de los camiones, ómnibus y autos que los transportaban para llegar también.
En cada ocasión, y con la serenidad que merece el kerigma, los animadores y el P. Bendito ofrecían un mensaje de amor y de esperanza, a su vez Mons. Domingo con una breve catequesis recordaba detalles del relato del hallazgo de la imagen hace ya 400 años, la relación con nuestros próceres independentistas, y nuestra identidad con nuestra patrona, asegurando que a pesar de que algunos no profesen públicamente su fe, en su interior sí la reconocen y la admiran. Haciendo referencia a las reiteradas paradas a través del trayecto, explicaba que la Virgen había venido a vernos a TODOS, por lo que no se debía pasar de largo, había que buscar a toda costa el espacio y el tiempo para ello.
Ya entrando en Los Molinos, todavía se podía divisar desde lejos la caravana de autos detenidos a ambos lados de la orilla de la carretera, que poco a poco reincorporaban su marcha.
Al final, los molinences supieron comprender nuestro retraso, porque como cuenta la parábola del sembrador, algunas semillas caerán en tierra buena y darán frutos.