Virgen de la Caridad del Cobre

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1868: ‘BREVÍSIMAS REFLEXIONES’ SOBRE LA IMAGEN HALLADA EN NIPE (2)

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Por L. Betancourt

Para Fabriciano Rodríguez lo sucedido en Nipe fue un hecho ‘MILAGROSO’. Lo fundamentó en lo ocurrido después: la sorprendente eclosión y arraigo popular del culto y devoción a la Virgen de la Caridad venerada en El Cobre. Cuando una aparición tal como la de la Virgen de la Caridad viene atestada por el constante asenso religioso del pueblo; cuando se ve que la imagen lleva tras sí el favor de innumerables corazones, convengamos en que la aparición fue milagrosa’.

El fenómeno sociocultural y religioso que supuso la extensión y arraigo del culto a la Virgen de la Caridad ¿puede calificarse como ‘milagro’? Si con ello se quisiera afirmar una especial intervención de Dios suspendiendo el curso natural de las cosas, la respuesta sería no.

El acopio de datos evidencia  -cada vez más- la desproporción entre la sencillez del hallazgo, el inicio del culto y el imparable desarrollo posterior. Desarrollo que, todavía pendiente de una rigurosa investigación pluridisciplinar y de un análisis liberado de aprioris y prejuicios, sólo permite hablar de un acontecer que ‘desbordó lo predecible’. O se prefiere, de un complejo proceso aún no explicado satisfactoriamente.
 
Las ‘Brevísimas Reflexiones’ no se limitaron a depurar de efectos especiales lo acontecido en Nipe, ni a proponer el carácter milagroso del mismo. El autor también abordó otros temas de igual o mayor interés.
Fabriciano comentó a sus lectores la íntima vivencia religiosa ocasionada por el encuentro inmediato con la imagen de la Virgen de la Caridad en su Santuario, imagen reproducida aquí tal como fue captada a mediados del siglo XIX.

vcc ‘La sagrada imagen de la Caridad  embelesa y encanta nuestra alma con la modestia de su rostro, la humildad de sus ojos, la compostura y recato de todo su cuerpo.

 Extasiado queda nuestro espíritu y tiernamente devoto nuestro corazón, cuando contemplamos esa prenda de la benignidad de nuestro Dios y Señor. Muchos, mirando esa imagen, sienten llenárseles el alma de un consuelo y regocijo inexplicables’.

Hay descripciones anteriores a la del P. Fabriciano. Visitando el Santuario en septiembre 1756, el obispo Morell resumió en una frase el efecto que producía contemplar a la Madre y su Niño: ‘Mirados causan devoción y consuelo’.

En su historia fechada el año 1766 y todavía inédita, dice el Capellán Julián José Bravo: ‘Nadie puede ver esta Santa Imagen sin primero ofrecer el corazón por primicia [y] lágrimas de devoción.  El justo las derrama de gozo, y el endurecido pecador de puro arrepentido’.  

Hacia 1703, el Capellán Fonseca (+1710) escribió una historia de la Virgen de la Caridad. Usando material de Fonseca, el Capellán Bernardino Ramírez  -en 1782- amplió esa historia. Ahí se describe el encuentro del peregrino con la imagen: ‘[Al] pisar el recinto de su Santuario, se introduce en el ánimo un superior respeto y devoción. Mueve a tal veneración y compostura, que al poco devoto hace recoger en sí para alabarla […] Llena de consuelo al que la mira […] Siente el que la ve una mudanza y alteración inusitada’.

Fabriciano Rodríguez quiso desvelar el contenido del nombre ‘CARIDAD’, traído a Cuba por la Madre:
1º) Vino  porque ella es ‘caridad ardiente’. 2º) Se hizo presente optando por los pobres: ‘tres hombres desvalidos de recursos humanos’. 3º Nos repite cada día lo dicho por san Pablo: ‘Me interesan ustedes, no sus bienes’  [2ª Cor 12, 14].
 
logoccnA finales de noviembre 1959, se celebró en La Habana un Congreso Católico Nacional. El sábado día 28, procedente de El Cobre, la imagen de la Virgen de la Caridad llegó a la capital. La recibieron los obispos de Cuba y muchos miles de peregrinos llegados de toda la Isla.

La noche de aquel sábado fue lluviosa y fría. Se estimó en un millón las personas que llenaron la entonces Plaza Cívica y sus proximidades. Ante la imagen traída de El Cobre, el arzobispo de Santiago de Cuba celebró la Santa Misa. La ceremonia concluyó siendo ya madrugada del domingo 29.

Y llegó lo anunciado: a través de la radio y la televisión, toda Cuba pudo oír la voz sosegada del anciano Papa Juan XXIII: Amadísimos cubanos, os habla vuestro Padre de Roma, y en cada una de nuestras palabras deseamos poner una nota de afecto particular’.

Aquel hombre cálido y sencillo habló pausadamente. Conjugó delicadeza y precisión al proponer las consecuencias derivadas de una devoción que tiene nombre propio. Una y otra vez, insistió en el nexo indisoluble entre la praxis diaria y la ‘CARIDAD’ que identifica a la Madre de Cuba:  
 
ssjuan23‘La faz del mundo podría cambiarse si reinara la verdadera caridad. La del cristiano que se une al dolor, al sufrimiento del desventurado, que busca para éste la felicidad, la salvación de él tanto como la suya. La del cristiano convencido de que sus bienes tienen una función social y que emplear lo superfluo a favor de quien carece de lo necesario no es una generosidad facultativa, sino un deber.

La [caridad] que encuentra siempre una manera nueva de probar el amor. La que brota del interior del alma. La de quien, con todas las fibras de su corazón, piensa el bien, quiere el bien, hace el bien a otro, al prójimo […].

Esta caridad impone un gesto preciso: amistad, estima, respeto mutuo, un perdón sin distingos […] Si el odio ha dado frutos amargos de muerte, habrá que encender de nuevo el amor cristiano, único que puede limar tantas asperezas y endulzar tantos sufrimientos’  […]

Dentro de poco, el mensaje del lejano noviembre 1959 cumplirá medio siglo. Lo dicho entonces por un Papa difunto ¿perdió la validez? ¿Se diluyó el nexo que vinculaba la conducta de los hijos con el nombre de la Madre? ¿Ha cambiado su nombre? ¿O cambiamos nosotros?

Si aquel mensaje sigue siendo válido, también permanece una tarea propuesta por el Papa: la ‘reconciliación que se ha de reconstruir día a día y hora a hora sobre las ruinas del egoísmo y de la incomprensión’.

 

 

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" María Santísima de la Caridad jamás olvida a los cubanos… A la imagen de la Virgen de la Caridad es a la que tienen mayor devoción ”

Arzobispo Claret. Escritos 1851-1853


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