8 de septiembre de 2008. Después de casi cincuenta años, la iglesia santiaguera se preparaba para salir en procesión con la Virgen de la Caridad, Patrona de Cuba, en el día de su fiesta. Sin embargo, las fuerzas de la naturaleza, esta vez en forma de ciclón tropical, impidieron que se pudiera realizar lo que para algunos era un sueño y para otros una gran preocupación.
Entonces escribí un pequeño artículo que titulé “La procesión que yo vi” y que reflejaba lo que, no sólo yo, sino muchas personas sintieron en esos momentos. Y es que aun cuando el hecho en sí no sucedió, algo comenzaba a cambiar y gracias a eso, podía percibirse de que ya no pensábamos en un imposible sino que ahora estábamos ante un sueño que casi podía alcanzarse con las manos.
8 de septiembre de 2009. Un año después la noticia es otra. Ya no era un sueño que esperaba con paciencia y resignación el momento justo para poder convertirse en realidad. Hoy es un hecho, la Virgen de la Caridad salió a las calles de Santiago de Cuba.
La procesión fue convocada para salir a las 8.00 p.m., desde el Arzobispado de Santiago de Cuba. La imagen de la Virgen recorrería hasta su destino final, la Catedral, unas 12 cuadras, algunas de ellas bastante largas para la fisonomía de la ciudad y con loma incluida en la calle Enramadas, como para que no quedara fuera uno de nuestros atributos más notables.
La preparación fue intensa en los últimos días, sobre todo si se tiene en cuenta que para muchos de los involucrados, esto era algo completamente nuevo y que implicaba a una ciudad y a sus habitantes, con todo lo que esto significa. Estábamos estrenándonos en algo que conocíamos sobre todo por fotos, crónicas y el recuerdo, entrañable sin dudas, de nuestros mayores.
Dos minutos antes de las ocho de la noche, Mons. Dionisio García, Arzobispo de Santiago de Cuba, saludó desde el balcón del Arzobispado a las personas que habían llegado hasta allí para acompañar a la Virgen desde su salida. El arzobispo explicó brevemente el sentido de la procesión e invitó a todos a rezar antes de emprender la marcha. Ya en la calle, fue colocada la imagen sobre la camioneta que la transportaría, en medio de los aplausos de los presentes. En este momento, se rezó por las mujeres ingresadas en el hospital materno, situado a un costado del arzobispado, por los recién nacidos y luego la intención se extendió a todos los hospitales, por todos los pacientes y los que los atienden.
La procesión ya estaba en camino. La abría los ciriales, la cruz, el Escudo y la Bandera cubana y dos jóvenes santiagueras con sendos ramos de Mariposa, nuestra flor nacional; a continuación la imagen de la Virgen, delante de la cual iba nuestro Arzobispo acompañado por dos sacerdotes, que le ayudarían en la animación. Detrás, el resto de los sacerdotes de la ciudad, el coro interparroquial y el pueblo.
En el recorrido estaban previstas cinco paradas. En cada una de ellas una intención: la familia; los que sufren; los niños y jóvenes; la unidad de los cristianos; Cuba: los trabajadores, las amas de casa, el pueblo. En cada caso se leía un breve un texto bíblico y se entonaba un canto. Durante todo el recorrido, se mantenía el rezo del Santo Rosario. Ya en el parque de Céspedes, antes de subir a la Catedral, otra intención: se pidió de manera especial por la paz, la estabilidad y el bienestar económico de nuestro país. Por último, desde el atrio de la Catedral, Mons. Dionisio bendijo la ciudad e invitó a presentar en silencio las intenciones de los presentes.
Hoy, que la procesión es historia, escribo estas líneas reconociendo con humildad lo difícil del empeño y la limitación que me imponen las palabras, mis palabras, esas que no alcanzan para expresar lo que íbamos viviendo a cada paso que recorrimos con María por las calles de esta ciudad. Para los que tienen además de fe, una gran imaginación, quizás les sirva el testimonio de esta redactora que sintiéndose santiaguera hasta lo mas profundo de su ser, no esperaba que los habitantes de esta preciosa ciudad salieran con ese fervor, con esa alegría y con esa disciplina a acompañar a su Madre. Todo ha sido obra de Dios.
Los santiagueros fueron convocados y allí estaban en un número que a simple vista superaba en mucho la tibieza de los cálculos de algunos de los que aman las cifras. El trayecto se hizo en oración, oración de la iglesia y oración de pueblo. La gente salió a puertas, ventanas y balcones; la gente subió a techos, azoteas y aleros; la gente cantó, alzó sus brazos como signo de alabanza y acción de gracias, regaló flores a la Virgen desde balcones; la gente se apretó para estar cerca de ella y al final, ese mismo pueblo, esa misma gente, permaneció en el parque Céspedes, de pie y en silencio, frente a la Catedral despidiéndola, cantándole e implorándole.
Fe e imaginación es justo lo que necesitamos para poder ver a través de estas palabras a todo un pueblo viviendo el júbilo de un encuentro que esperaba desde hace años. Dios nos ha hecho un gran regalo a través de María. La procesión no ha terminado, Ella nos ha abierto un camino en medio de este pueblo. Comienza ahora una nueva etapa, se abren nuevas sendas de evangelización que transitaremos acertadamente en la medida en que, como en esa noche memorable, junto a María, la Madre, caminemos hacia Jesús.
Mercedes Ferrera Angelo
Santiago de Cuba. 9 de septiembre de 2009









