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Lunes, 19 Enero 2015 15:50

Gloria y Vitalina

Escrito por  Rogelio Dean Puerta
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gloriayvitalinaLas “decanas” de los servidores del Santuario de la Virgen de La Caridad en El Cobre. 

            Treinta y cinco años y algo más de entrega ininterrumpida, al servicio de la Virgen de la Caridad en su Santuario Mayor en El Cobre, avalan la experiencia y fidelidad de dos hijas de esta tierra cobrera: Gloria Milanés Fuentes y Vitalina Nápoles Hernández.

            Ambas coinciden en precisar el año 1979 como fecha de inicio de su trabajo regular en el santuario. La paciencia y mansedumbre de estas hermanas en su labor, han hecho de ellas, una “referencia cristiana” para familiares, vecinos, hermanos de trabajo, peregrinos y la comunidad parroquial en general. Vale bien la pena acercarnos a ellas y conocer un poco más de sus vidas y recuerdos. 

P: El camino espiritual y sacramental de ustedes ha estado marcado por fuertes experiencias de Iglesia con rostros muy concretos. Cuéntennos un poco. 

Vitalina: En el camino de Gloria y mío, como en el de muchísimos cobreros, está muy presente el recuerdo del P. Mario Carassous Bordelois, quien se consagró a nuestra parroquia por casi medio siglo. Fue un buen sacerdote. Por él recibimos el sacramento del matrimonio y el bautismo de nuestros hijos.

No podemos dejar de hablar tampoco de la presencia entre nosotros de las Hermanas SocialesNos vienen muchos nombres comenzando por la hna. Nicoleta -que Gloria la recuerda mejor-… hacemos memoria y ojalá no nos falte ninguna por mencionar, -las recordamos al azar sin un orden específico-. Ellas han sido las hermanas: Serafina, Verónica, Carmen Ballester, Rita, Eladia, Maria Paisán, Lucia -la organista y animadora del coro e impulsadora de Melvin el actual director del coro-, Lourdes, Isabel Milán, Nora, Eugenia, Oelia, Marta Lee, Maria Pal, Mirta, Magalis, Paulina, Maria Morales -también organista del santuario-, Alejandra, Jaquelín, Marisol, Yilian… Varias de ellas han sido madrinas de nuestros hijos y nietos. Gloria y yo somos asociadas a la congregación, hicimos promesas en ella desde nuestra vocación de casadas y madres de familia.

Gracias a ellas, en especial a la hna. Serafina, en el año 1969 cuando me casé, pude ir a vivir a la hospedería. Mi esposo Miguel trabajaba allí. Juntos vivimos en la hospedería por casi trece años, allí comenzaron a crecer nuestros tres hijos -muy cerca de la Virgen y en contacto con sus peregrinos-. 

Gloria: A la hna. Carmen Ballester yo le estoy muy agradecida. Sus conocimientos y experiencia, me permitieron servir como sacristana del santuario por casi veinte y dos años, hasta que cambié de función.

            …hablábamos de los sacramentos, y te diré que recuerdo bien cuando recibí la Confirmación de manos de Mons. Enrique Pérez Serantes en la Iglesia de Don Bosco en Santiago. Ya mucho más para acá en el tiempo, nunca olvidaré cuando tuve el honor de comulgar de manos del Papa Juan Pablo II, en la Misa que celebró en Santiago en 1998.

Vitalina: Sí, sin dudas hemos vivido fuertes momentos “de Iglesia”. Yo tuve el honor de ser seleccionada para integrar la delegación cubana que viajó a Roma cuando Mons. Jaime Ortega fue hecho cardenal en 1994. Son experiencias que uno nunca podría olvidar, como lo fue también la visita más reciente del Papa Benedicto XVI aquí a El Cobre. 

Gloria: Son muchos los seminaristas y sacerdotes que hemos conocido por su trabajo aquí en El Cobre. Gracias al P. Rafaelito Couso y la hna. Alejandra resurgió la Archicofradía de la Virgen, a la cual pertenecemos desde entonces. Del P. Geño, por ejemplo, aprendimos mucho del cuidado, organización y limpieza del santuario, hasta los detalles más pequeños. Muchos aprendieron a rezar con él. Recuerdo a Mons. Dionisio cuando trabajó aquí de sacerdote, antes de ser obispo, se iba mucho a estar con los jardineros y nos dejaba “pan de maíz”. Me viene a la mente otros sacerdotes también muy queridos: Palma -nuestro párroco por mucho tiempo-, Catasús, Jorge Alejandro, Magin, Marrero, Troadio, Modesto Peña, Herrera, Ramón Rivas, Machín, Iglesias, Antonelli -quien me bautizó de niña-, Ángel, Alberto, Emerjo Sánchez, Parra, Pepin… Mons. Dante y otros tantos. 

P: ¿Momentos especiales vividos en el santuario? 

Gloria: La ordenación de obispo de Mons. Meurice… también la de Mons. Dionisio posteriormente. Las ordenaciones de los sacerdotes cobreros: Rafaelito Couso y Leandro. Las visitas de los Papas… Lindo cuando vino desde Roma el cardenal Gantín a declarar basílica al Santuario, recuerdo que fue mi hijo Jesús el seleccionado para presentarle las ofrendas en la misa al cardenal, junto a Mercedes Fong. 

Vitalina: También fue un tiempo especial, cuando comenzó la misión en Angola, que los jóvenes uniformados venían mucho en grupos antes de partir para ese país. Eran muy jóvenes y no pocos iban por el servicio militar. El hijo de Gloria también fue a Angola. 

P: ¿Y antes de trabajar en el santuario? 

Gloria: Yo era ama de casa. Hacía artesanías en mi casa -que está casi a la entrada de la escalinata del santuario-, allí he vivido desde hace cuarenta y nueve años. Mi primer y único trabajo fuera de mi casa ha sido el santuario. 

Vitalina: Ya desde los 17 años yo estaba estudiando enfermería, al terminar, trabajé seis años en el hospital “Ambrosio Grillo”, gracias a Dios muy cerca de aquí. Recuerdo que dejé el hospital en el 1970. Hay otras hermanas que sirven hoy en el santuario que también fueron enfermeras allí posteriormente. 

P: También ustedes han trabajado y trabajan en varias pastorales de la parroquia. 

Vitalina: Yo soy lectora y ministra extraordinaria de la Eucaristía, pero tanto Gloria como yo hemos trabajado en la catequesis de niños y adultos, misión, pastoral de la salud y Cáritas.

P: Ciertamente en medio de las pastorales parroquiales, el trabajo de atención a los peregrinos que van al santuario ha ocupado y ocupa la mayor parte de su tiempo. 

Gloria: Sí, desde hace ya algún tiempo Vitalina y yo nos ocupamos de recibir a los peregrinos en el altar principal con sus flores. Es importante decir que ahora que recibimos a los peregrinos en la nave principal del templo, tenemos mejor oportunidad de darles una acogida más personal.

Vitalina: Sí, porque antes cuando se recibía arriba en el Camarín de la Virgen, eran muchas personas y poco espacio, y la atención personal al peregrino se nos dificultaba. 

Gloria: El santuario ocupa mi tiempo con gusto y soy celosa con él. Como soy una vecina cercana y de confiar, desde 1987, cierro por las tardes, al finalizar la jornada, la verja que da paso a la escalinata, hoy en día me ayuda mi esposo.  

P: ¿Qué cualidades ustedes consideran que debe de tener una persona que sirve en el santuario de la Virgen? 

Vitalina: Honestidad, fidelidad, responsabilidad, vida de oración y sensibilidad para identificar las necesidades de los peregrinos. 

Gloria: A las cualidades que bien dice Vitalina agrego: discreción, buen trato y buena educación.      

Agradecemos a estas dos hermanas por su labor de tanto tiempo; por cuidar a nuestra Madre de La Caridad en tiempos buenos y no tan buenos. Ellas siguen allí, al pie del altar “donde Cuba late”, con un “sí” renovado y con una sonrisa limpia y confiada acogiéndonos a todos los que venimos a poner nuestras vidas a los pies de María. ¡Gracias! 

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