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La Virgen y La Libretad *

MVC-013S

Por: María C. Campistrous Pérez

Como jirones de los tiempos idos vaya esta historia de Amor y Libertad. Nace así:

Mediaba el siglo XVIII y por Santiago del Prado corrían aires de protesta y rebeldía. Los descendientes de los esclavos llevados a sus Minas estaban en las montañas, morirían en la lucha antes que ser esclavizados, sólo trabajarían si les respetaban sus derechos. Y en nombre del Rey se les prometió que gozarían de la libertad que habían conquistado: tenían que sacar el mineral de las entrañas de la mina.

Más de un siglo había transcurrido sin que lograran reducirlas a servidumbre cuando, a fines del siglo XVIII, el Gobernador de la Isla ordenó la reducción de los «cobreros», pero éstos, indómitos, pedían el reconocimiento de su absoluta libertad y el derecho a la tierra que cultivaron sus padres y abuelos. Entonces el Gobernador dispuso la remisión a España de P. Alejandro de Paz y Ascanio, Capellán de la Virgen, por considerarlo líder de los rebeldes, orden que se negó a cumplir el arzobispo santiaguero quien, firme en sus principio defendía la causa. Al agravarse el conflicto, el Padre Ascanio convocó a los cobreros ante la iglesia del pueblo, y la reunión terminó entre aplausos demandando el reconocimiento oficial de sus derechos. La Virgen de la Caridad y los Remedios les salvaría de sus males.

La situación cambiaba con la nueva administración colonial, España temía que la rebeldía de los cobreros - que ya movía los ánimos en Santiago-, se pudiese convertir en una revolución social: sobre Cuba se cernía la amenaza de Haití. La prudencia se volvió justicia, y se declaró libres a todos los descendientes de los siervos de la Corona llevados a Santiago del Prado en el siglo XVI.

Y el 19 de marzo de 1800, convocado el pueblo ante la ermita de la Virgen del Cobre, con el nervio en la palabra leía el Capellán Ascanio, delante de la Madre que salió a festejar con sus hijos, la Real Cédula mediante la cual se devolvía a los cobreros las tierras que laboraban y la libertad conquistada por su heroísmo y decisión. Así, fueron los esclavos de El Cobre los primeros a quienes se le otorgaba la libertad en Cuba: a Ella, a la Virgen, le agradecían el triunfo logrado más de un siglo de constante bregar.

El Cobre se convirtió entonces en un faro de libertad para la Isla, la Madre daba fuerza a la esperanza y bríos al espíritu, al calor de su amor, seguía forjándose la identidad de este pueblo que veía crecer, junto a sus raíces, la devoción a la Virgen de la Caridad.

* Fragmento de un artículo publicado en la revista Claras Luces, arquidiócesis de Santiago de Cuba, Año II, No. 3, Junio 1998, págs.6-7. Imagen de Miguel Sánchez Saldívar (Miguelón)